viernes 25 de noviembre de 2011

Los silentes


Es "sorprendente" comprobar (en la calle, en los lugares de trabajo, en los de ocio, en las redes sociales) cómo personas que durante ocho años han estado calladas sobre los acontecimientos socio-políticos en España ahora ponen el grito en el cielo sobre futuribles acontecimientos que van a sobrevenir cual plagas de Egipto por obra y gracia del nuevo Gobierno del Partido Popular.

Muchos de los cuales me han llamado de todo por denunciar, tiempo atrás, lo que desgraciadamente ha ocurrido. "Curiosamente" su repentino "despertar social" ocurrió allá por el mes de Mayo, acrecentándose el susodicho desesperezamiento poco tiempo antes de las recientes Elecciones Generales. "Curioso" también, a modo de resumen, su visión de la política española: "todos los políticos son iguales". Al igual que "curioso" su diagnóstico (es un decir, naturalmente) de los culpables de la crisis económica (sólo de la económica, no les pidamos imposibles): los especuladores, los mercados, el neoliberalismo... e, incluso, el Vaticano y todo lo que huela a cristianismo. Ahí les va, para que se aclaren un poquito, un "especulador". Y, ya puestos, otros dos. "Curioso"...cialistas ;)

Común denominador, "curioso" también, a todos ellos es el escozor que les ha entrado por la victoria del Partido Popular. Y "curioso" es el que muchas de estas personas se declaren "apolíticas" y, casi, casi, casi, por encima del bien y del mal. Pero, ¡oh, "curioso"! que sólo rebuz... protesten cuando la Izquierda no gobierna, callando "ostentóreamente" (y poniéndonos a escurrir a los demás) cuando (des)gobierna.

Ahora que vuelve a gobernar el Partido Popular (que no la derecha) de nuevo "hay motivo" para la contestación "popular" que durante casi ocho años no ha creído conveniente "motivarse contestatariamente", ya sea en forma de gracietas o mostrando su verdadero ADN. En vista de que tanto escozor va a ir en aumento, les recomiendo abundantes aplicaciones de vaselina. Ni que decir tiene que me alegro de sus catastróficas desdichas pero no les deseo ningún mal y mucho menos que, entre tanto escozor, les de por tirarse de algún viaducto. Que no se amarguen, que llegan unas entrañables fechas...


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